Pierde la izquierda (una vez más)

7

Signos

Se veía venir.

Pierde la izquierda de Gustavo Petro en Colombia (por lo menos en la primera vuelta electoral, aunque se augura que se confirmará la tendencia en las urnas de junio y pese al alto perfil y la impecable trayectoria política y representativa del Senador Iván Cepeda Castro, de Pacto Histórico, un prestigiado intelectual, escritor y activista por los derechos humanos).

Se acaban, pues, los Gobiernos y las mayorías ‘progresistas’ en América Latina (las que no se convierten en dictaduras, claro está, como el sandinismo nicaragüense).

Son excelentes movilizadoras populares y convincentes en sus razones y sus oratorias contra las oligarquías neoliberales y proyanquis en el poder, porque siempre defienden con verdad los también siempre ultrajados derechos de las mayorías.

Pero, salvo excepciones virtuosas en la gestión del Estado y la defensa de las obras de Gobierno y los programas de desarrollo y de justicia social -como fueron los mandatos de Rafael Correa, en el Ecuador, y de Evo Morales, en Bolivia, o como han sido los uruguayos de José Mujica y su antecesor Tabaré Vázquez y el actual Yamandú Orsi, y los brasileños de Lula da Silva y de Dilma Rousseff-, los grupos de la izquierda latinoamericana terminan doblegados por sus contradicciones gobernantes, su ideologismo exacerbado, y la debacle de las guerras intestinas de sus bandos partidistas, como ocurrió entre las filas de Correa y de Evo, que acabaron destruyéndose a sí mismas, abriéndole la puerta a sus opositores de la oligarquía proyanqui y siendo perseguidos por sus enemigos de la izquierda y la derecha.

Y se pronostica que una derecha mucho más extremista que la que derrotó a Dilma, que puso a Lula tras las rejas, y que perdió de nueva cuenta contra Lula -quien puso a su antecesor, Jair Bolsonaro, igualmente tras las rejas, pero cuyo hijo, Flavio, Senador por Río de Janeiro, lidera la oposición- estará de regreso en el Brasil.

Y por eso el obradorismo claudista debiera mirarse en ese espejo.

Calidad de gestión, de liderazgo de Estado, de aptitud y renovación representativa, de modernización institucional, de negociación diplomática, todo eso, más que consignas ideológicas y que recursos de movilización militante para llenar plazas, se requiere para convencer indecisos -e incluso inconformes críticos y sectores neutrales o apolíticos- y mantener la divisa partidista propia en el poder, legitimada en reformas e iniciativas trascendentes de Estado, como los activos fundamentales de su propaganda.

Porque más que saber llegar, importa renovarse y generar relevos competentes e instituciones sólidas y de vanguardia para no caer.

SM

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *