Te pago para que le pegues (una guía moral para votar)

9

Signos

Con pelos y señales exhiben a la Gobernadora Mara Lezama, de Quintana Roo, en un reconocido medio de prensa nacional, el Reforma, cuyas réplicas y versiones en todo tipo de contenidos y formatos -digitales, impresos y audiovisuales- multiplican la obviedad de sus vastos y corruptos desafueros en el ejercicio del poder público, en el nombre y con la representación de los ciudadanos de la Entidad caribe y del partido presidencial que se asume como el de la regeneración moral de la política del país.

No hay virtud periodística, por supuesto, en la promoción de la inapelable verdad. Se trata de una campaña mercenaria pero con todos los recursos de la objetividad informativa proporcionados de manera expresa y puntual por las fuentes interesadas y de sobra documentadas para derribar a un objetivo explícito e imprudente de la insalubridad política y afectar los intereses del grupo de poder que representa, como los del Niño Verde y su candidato a suceder a Lezama, Eugenio Segura, aprovechando los bonos de la popularidad obradorista del partido guinda aliado y dominado, como todo el poder público de la Entidad, por la legión verde.

Bien se sabe que la Gobernadora peca de poca probidad política y sobrada petulancia protagónica y compulsión expresiva. Su política mediática, por ejemplo, manifiesta sus peores debilidades. Mientras sus tropas editoriales disparan por cuenta propia contra el izquierdismo obradorista, por una parte, y lo califican de engendro populista y procastrista, a ella en lo particular la exaltan por su liderazgo popular incomparable o cuando importa la propaganda de su proximidad con la Presidenta, su imagen a su lado y su militancia sólida e indisoluble en defensa de la causa humanista de corazón feminista y socialista y esas proclamas ridículas de identidad que no podría creerse ni ella ni más nadie.

¿Pero es que no advierte la evidencia inocultable de la hipocresía y el doble perfil que se percibe a leguas?; ¿que si cualquier observador puede darse cuenta, no habría de dejar pasar tan evidentes y torpes comportamientos la vigilancia política desplegada y pagada para eso?

Y entonces el remate: responder al dolo con el dolo. ¿Quieren guerra?, pues sobra el erario para pagar la guerra. Y al diablo con las caritas felices y las selfies con nuestra amada Presidenta.

El problema es que en la embestida originaria procedente del Reforma, Claudia Sheinbaum trató de amortiguar la avanzada contra la Gobernadora poniéndose de lado suyo -para salvar en lo posible la unidad verdemorenista liderada por el Niño Verde- y mal midiendo, acaso, que sería más pasajera y menos demoledora, y que la destinataria de la misma tendría más recursos de defensa para responder. Pero cuando no tuvo más remedio que reconocer la evidencia probada y sostenida de los contenidos del ataque y la alta vulnerabilidad ética del objetivo, no le quedó otra alternativa que recular. De modo que también quedaría probado que el explosivo mediático contra la Gobernadora no vino del primer círculo presidencial, porque, además, tampoco hubiera permitido la Presidenta que se beneficiara a una empresa enemiga y tan odiada por ella, como la del periódico Reforma, con un gran producto publicitario avituallado con información tan exclusiva, tan contundente y tan bien pagada como la del caso. Y si fue del bando obradorista enemigo de los verdemorenistas de la Gobernadora, la onda expansiva del impacto estaría por evaluarse: ¿Sirvió para que la Presidenta y la cúpula del oficialismo nacional desistieran del candidato del oficialismo verdemorenista estatal? ¿Sirvió para que mejor se optara por una tercera vía entre la guerra civil salida de control? No tarda en saberse.

Pero el caso es que la Gobernadora apeló la sentencia de opinión pública en su contra que entendió como de absoluta decisión presidencial, y respondió con virulencia y sin medias tintas. Fue con sus mensajeros a otro medio mercenario de comunicación por el desquite, El Universal -también de la cuadra de las repulsas presidenciales- y desahogó las pruebas irrefutables de la ira contra el emisario más acreditado en Quintana Roo de la Presidenta de la República, Carlos Ulloa Pérez (director de la empresa pública Laboratorios de Biológicos y Reactivos de México, Birmex, y colaborador de las mayores confianzas presidenciales que, por eso mismo, vigilaría con mayor celo y rigor que nadie el proceso de selección del candidato sucesorio de Lezama y la transición gubernamental en el Estado caribe) de quien publicó horrores El Universal Online y al que entre otras cosas acusó de corrupción inmobiliaria, y a quien la Presidenta, como en su momento en favor de la Gobernadora exhibida por el Reforma, salió ahora a defender y a negar toda maledicencia en que se quisiera enlodar su reputación como soldado de primera línea de la Regeneración Nacional y ‘La transformación’.

Seguro que el partido presidencial ganará los próximos comicios en Quintana Roo. Las tendencias electorales del Banco del Bienestar no fallan. ¿Pero a quién habría qué hacerle caso para votar, a El Universal o al Reforma, si se trata de elegir al candidato más apto y más congruente con la regeneración moral? Porque parece que a periodicazos se matan las moscas de la dignidad política del Bienestar y ‘La transformación’ en el Caribe mexicano.

(Claro, también emerge el argumento ideológico: El espionaje y la sistemática artillería ultraderechista de la informatización están detrás de los escándalos de corrupción del partido Movimiento de Regeneración Nacional con inequívocos fines imperialistas e intervencionistas, como los que quieren convertir al jefe de la Seguridad de México, Omar García Harfuch, en un gran combatiente contra el crimen organizado al lado de sus pares estadounidenses, cuando dice la Presidenta que no lo es y que sólo lo adulan y lo usan como eso, como un instrumento más de división de los mexicanos y de guerra contra la sacra soberanía nacional. Porque sólo un héroe de la soberanía parece querer la Presidenta que sea Harfuch, y no el lacayo del colonialismo que dice que los yanquis ven en él y al que sólo aplauden como al bufón del circo. Vaya distinción presidencial. Y uno creyendo que ella y los gringos lo respetaban.)

SM

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *