Abelardo Vara advierte que Cancún enfrenta uno de los peores años de su historia hotelera

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CANCÚN.- La industria hotelera de Cancún atraviesa uno de sus periodos más difíciles, con una ocupación promedio cercana al 50 por ciento y tarifas que han descendido a niveles nunca antes vistos, aseguró Abelardo Vara Rivera, presidente honorario de la Asociación de Hoteles de Cancún y presidente de Grupo Cancún.

El empresario, considerado uno de los pioneros de la hotelería en Quintana Roo, señaló que algunos establecimientos se han visto obligados a ofrecer noches adicionales de hospedaje y recorridos turísticos gratuitos para atraer visitantes y mantener sus operaciones.

En entrevista, afirmó que 2026 podría convertirse en el peor año que ha enfrentado el sector, debido a una combinación de factores económicos, fiscales y de competencia que han reducido la rentabilidad de los hoteles.

Vara Rivera consideró que el problema no se limita a una disminución temporal de visitantes, sino que responde también a la transformación que ha experimentado Cancún, al pasar de ser un destino turístico selecto a uno de carácter masivo.

Explicó que, conforme creció la oferta hotelera, aumentó la competencia por atraer huéspedes, lo que provocó una reducción progresiva de las tarifas. En consecuencia, consideró difícil que los establecimientos puedan recuperar en el futuro los niveles de precios que manejaban anteriormente.

“Cuando empezó el crecimiento, por el éxito, también se empezó a abaratar el destino”, expresó.

Como parte de esta transformación, señaló que prácticamente todos los hoteles han adoptado el sistema de todo incluido, mientras que el Marriott permanece como el único establecimiento que opera bajo el plan europeo.

Según explicó, el modelo de todo incluido obliga a mantener precios competitivos y ofrecer alimentos y bebidas con márgenes reducidos, con el propósito de conservar la demanda de habitaciones.

El hotelero atribuyó las dificultades actuales a diversas decisiones gubernamentales, entre ellas los incrementos salariales, la propuesta de reducir la jornada laboral a 40 horas semanales, la falta de promoción turística federal y el crecimiento de las plataformas digitales de hospedaje.

También cuestionó los aumentos de impuestos y derechos relacionados con la actividad turística, al considerar que estos terminan trasladándose al costo de los viajes y afectan la competitividad de Cancún frente a otros destinos.

“Al final del día, son los gobiernos quienes han contribuido a que la industria turística esté por los suelos”, sostuvo.

Una de sus principales críticas estuvo dirigida al destino de los recursos recaudados mediante el impuesto al hospedaje. Recordó que originalmente esta contribución estaba vinculada con la promoción turística, pero aseguró que, con el paso de los años, comenzaron a destinarse porcentajes a otros conceptos hasta desaparecer su asignación directa para ese propósito.

A su juicio, esta situación ha debilitado las actividades de promoción del destino, que actualmente, según afirmó, cuentan con un equipo de apenas tres o cuatro personas dedicadas principalmente a participar en ferias internacionales.

Durante la entrevista, Vara Rivera también expresó preocupación por las posibles consecuencias de formular críticas públicas contra las autoridades, al señalar que algunos empresarios temen ser objeto de revisiones administrativas o fiscales.

“Me va a caer una auditoría por decir todas estas cosas”, comentó.

Al preguntársele si consideraba que existía una política de persecución contra quienes cuestionan las decisiones gubernamentales, respondió afirmativamente, aunque aclaró que se trataría de una práctica no establecida de manera oficial.

“No está escrita en ninguna parte, pero cada vez que hay algo que no le gusta a ‘papá (gobierno)’ comienzan a llegar cosas. Entonces… sí”, declaró.

El empresario insistió en que la combinación de baja ocupación, tarifas reducidas, mayores costos operativos y escasa promoción ha colocado a la hotelería de Cancún en una situación particularmente complicada.

Sus declaraciones reflejan la preocupación de una parte del sector empresarial por la rentabilidad de los establecimientos turísticos y por las condiciones en las que deberán competir durante los próximos años.

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