
Signos
Si el Gobierno federal obradorista mantiene la misma política educativa y de relación con los gremios magisteriales después de haber derogado las reformas de la gestión presidencial priista de Enrique Peña Nieto y de no saber cómo resolver los conflictos derivados de las demandas laborales (unas justas, las pensionarias ofendidas por las arbitrariedades de los regímenes presidenciales priista y panista de Zedillo y Calderón, y otras de conveniencia en el control político del sector educativo escudadas en las primeras); si no tiene capacidades de Estado y de control para conciliar la legitimidad gremial -sometiendo los excesos de la ilegalidad de los agitadores de siempre- con los derechos básicos a la educación de los escolares; o de imponer el interés general de la nación sobre el principio de la defensa de la paz pública y las garantías constitucionales de la pluralidad social, México seguirá precipitándose hacia la decadencia institucional y civilizatoria.
Porque lo que ni el Gobierno ni los gremios educativos parecen tener es el menor interés en la educación y en lo que de ella depende en un pueblo, que es todo (economía, justicia, seguridad, bienestar, prosperidad). Todo. Lo que menos parece importar es el derecho de los padres de familia a una mejor formación escolar y a una mayor conciencia crítica de sus hijos. Y así, la incivilidad progresiva y una cultura iletrada, vulgarizada y futbolera harán el destino nacional. Los estándares educativos mexicanos en las mediciones internacionales (las de la UNESCO y la OCDE entre ellas, donde México habita en los páramos de la marginalidad y la indigencia) así lo hacen saber.
SM