
Signos
Sea que los verdes le reboten a la Presidenta su reforma electoral, su pretendida reforma antinepotismo, la posibilidad de hacer campaña convergente con la revocación de mandato, y todas aquellas iniciativas presidenciales incompatibles con los negocios políticos del Niño Verde, no importa: la cúpula morenista se aferra a mantener la sociedad para la regeneración moral con la muy corrompida mafia verde.
¿Por qué?
Porque más allá de la popularidad del caudillismo carismático del obradorismo heredado con los bonos electorales del Bienestar, el claudismo presidencial no cuenta con liderazgos representativos propios en la gran mayoría de las Entidades y Municipios del país, y opta por la piltrafa de preservar a toda costa la sociedad con los malandros del Verde y por aceptar toda suerte de candidaturas y financiamientos ilegales de las mismas de parte de los Gobernadores de la izquierda obradorista (cualquier cosa que eso signifique hablando de Américos y Maras, Rocha Moyas y demás personajes del progresismo expriista gobernante).
O eso es lo que parece.
Porque después de los reveses parlamentarios contra la Presidenta propinados por los verdes, y de sus reiteradas advertencias de que obrarán los proyectos políticos de su conveniencia en alianza con el partido presidencial o sin ella, no se entiende sino como un despropósito, ‘un disparo en el pie’, que las dirigentes del partido presidencial y del Estado Nacional quieran seguir favoreciendo las turbias causas del Niño Verde en la faena propia de la regeneración nacional.
¿Hay alguna utilidad en eso?
Porque más bien parece que no se tienen recursos políticos para identificar con precisión a los candidatos presidenciales y para operar en favor suyo. Y no que la Presidenta clame por ellos o los señale con el dedo en completa flagrancia de la ley electoral vigente (más allá de lo absurda y de lo contraria que es a los debates públicos libres, los que debieran ser en todo tiempo la condición de los procesos electorales). No eso, pues. Pero sí, por lo menos, que contara con medios autorizados y mensajes inequívocos y por los canales y en los ámbitos políticos más eficientes, que hicieran saber con la condición representativa y la claridad debidas por dónde diablos es que van los tiros presidenciales, y hasta dónde deben llegar las pretensiones convenencieras de otros bandos y bandas y jefes de grupos y partidos si, además de todo, esos otros, aliados de ocasión u oportunistas por naturaleza, tienen de sobra ‘cola que les pisen’ -o carpetas de investigación que los comprometen- frente a un poder que debe hacerse valer y respetar porque dispone de más armas constitucionales y metaconstitucionales que nadie; insumos, por lo demás, que si no se usan, bien se sabe, pierden su consistencia y su fulgor, y se convierten en trofeos de los más curtidos y emboscados enemigos, sean de dentro o de fuera de la causa común que se dice defender y representar.
SM