¿Trascender las crisis magisterial y educativa?, ¿como las de la delincuencia política y el sistema de Justicia?

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Signos

Ojalá fuera cierto que los cacicazgos gremiales -los grupos de poder enemigos de los intereses laborales que dicen defender y de los derechos de toda la pluralidad social- serán apartados de las negociaciones venideras del Gobierno con los trabajadores, como anuncia la Presidenta que ocurrirá con los de la educación, donde las mafias magisteriales dejarían de seguir imponiendo sus condiciones a la autoridad y haciendo de la enseñanza básica -y base primaria y esencial del desarrollo conceptual y crítico de los individuos y de sus representantes en el Estado- una arena para sus disputas de interés, y de las escuelas instalaciones regidas por su particular albedrío.

Pero ¿va a emprender la Presidenta esa reforma necesaria, donde a los maestros se les cumplan sus justas demandas laborales y los escolares encuentren en las aulas los programas pedagógicos y los docentes con las calificaciones adecuadas y certificadas para elevar sus conocimientos cumpliendo a cabalidad con los horarios y los calendarios oficiales y sin que los mismos se sigan subordinando a los criterios y las prioridades magisteriales?

Porque en la reforma obradorista democratizadora del sistema de Justicia el parto ha sido atroz. El ámbito de añeja corrupción que era derivó en una modernidad de tribunales habitados por juzgadores y funcionarios judiciales tan incompetentes y tan desconocedores en absoluto de la compleja materia de su responsabilidad, como ajenos por completo a sus perfiles profesionales y a los cargos para los que se postulaban eran la inmensa mayoría de los ciudadanos que los elegirían y por lo que tan apenas unos cuantos de ellos -y de esos casi todos a ciegas y orientados apenas por los gobernantes y sus grupos de poder para sufragar en favor de sus propios nominados y representantes de sus intereses- acudieron como electores a votarlos en las urnas, configurando el mayor de los atropellos contra el derecho a la justicia cometidos en la historia del país. Y es por eso que no es casual que de las dimensiones del analfabetismo funcional mexicano consignado en las mediciones globales de organismos como la UNESCO y como la OCDE sobre la calidad educativa sea la impunidad que distingue a las instituciones del sistema de Justicia de México, donde los rangos negativos de atención a las denuncias y las consignaciones penales lindan el cien por ciento, es decir los de casi absoluta impunidad e inoperancia de un sistema que, como el educativo, identifica los valores de la civilidad, la democracia y la cultura de la nación. Y tampoco es casual que la Presidenta y la mayoría parlamentaria de su partido y sus delictivos aliados hayan favorecido el cambio de fecha constitucional de los próximos comicios judiciales y los hayan diferido un año, por más que corregir el basurero democratizador sea ya imposible, y a cuyo desastre ha contribuido la alternativa de la reelección de juzgadores y funcionarios judiciales, y que con la contribución de un sistema electoral favorable a los ‘financiamientos negros’ (los de la delincuencia política, la empresarial y la del crimen organizado) garantizará el éxito de las candidaturas más nocivas para la justicia y el interés público.

Es cierto, el obradorismo tiene sus flancos buenos para el pueblo y la justicia social. Pero en los estratégicos para el desarrollo del país como los de los sistemas educativo y judicial ha sido su peor enemigo. En el primero, la contrarreforma contra la política educativa del Presidente Peña Nieto ha empeorado las condiciones del sector. Y en el segundo se ha favorecido como nunca a la delincuencia política y a los negocios del narcoterror y del gran robo y tráfico ilegal de combustibles, nuca tan prósperos como en la era de la regeneración moral obradorista.

¿Habrá entonces una acción integral como la anunciada por la Presidenta contra la delincuencia magisterial, o será un nuevo ‘parto de los montes’ o algo peor o igual a la reforma judicial y a sus impactos en la delincuencia política y el crimen organizado? ¿Que esperar, según las nociones y las experiencias de lo malo conocido? ¿Algo mejor por conocer?

SM

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